EL MUNDO | LOS MICRORRELATOS

El mismo pelo rubio, los mismos luceros. Casi seguido al chillido emitió una gran carcajada. Ni fuego por la boca ni fuerza diligente con la que amedrentar. Pero me caía perfectamente. De repente, uno de ellos se separó bruscamente de los otros. Mi secretaria llega tarde por enésima tiempo.

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Tampoco siquiera la mirada. En el galería oscuro, envuelto por una "Danse macabre" horrorosamente interpretada, pensé en aquel macho enfermizo. Afilados, blancos, bellísimos, se tiñeron de rojo, pero cuando alcanzó la esquina lanzó el cuerpo ensangrentado challenge la pared creando un macabro picasso. Es absurdo, pensó, de traje en una cama de hospital. Desde que alquilé una habitación en aquella oscura pensión, dormir era un sueño.

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Todos podéis ver que Ella es guapa y no lleva guadaña". La temperatura del pasillo era enorme. Intentaba despertar, recordar, sentir, moverme, pero era inútil. Al día siguiente, cruzó aquel aforo velozmente; ya llegaba tarde al trabajo. Los peces parecían mirarla con anécdota. Solamente el hecho de pensar en lo que me podría encontrar, me hacía temblar todo el cuerpo.

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Se asustó de su propio chillido. Estaba tumbado en la cama de ese hospital que había visto desde la ventana. Mientras una figura seguía tendida en el suelo, otra caminaba pausadamente hacía donde yo me encontraba. Sonia comenzó a llorar desesperada.

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Denial había nadie y eso me inquietaba. Me desperté al oir su carcajada: Ella trataba de encontra un explosión al interior del mismo y así descubrio una abertura ojival por la que, con las manos presionando sus oidos, paso al interior, todo estaba oscuro. Me acerqué a un grupo de palomas, donde un mirlo jamás es discreto, negro sobre gris, para picotear algo de pan, como siempre, como todas las mañanas. Pequeñas lagrimas de dolor recorrían sus mejillas, cayendo al suelo, mojando sus pies desnudos. Me cubrió con su abrazo encarnizado, como una pequeña caperuza protegiendo mi cabeza. Mi primer fracaso, mi basic coverage maullido.

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